Cada vez que tengo la oportunidad de visitar Estados Unidos me maravillo con sus obras públicas: no tanto por lo espectacular, sino por la forma en que se preservan. Mantienen las estructuras casi tal y como fueron concebidas, respetando su esencia y memoria.
Cuando llega el momento de remodelar, lo hacen sobre los mismos cimientos; intervienen con respeto por la historia y por la narración urbana que conecta a los habitantes con sus orígenes y ayuda a los visitantes a entender sus modos de proceder.
En muchos países latinoamericanos ocurre lo contrario: es común borrar lo anterior para dar paso a la novedad. Arquitectos, paisajistas y desarrolladores plasman sus innovaciones con gusto por lo nuevo, pero muchas veces a costa de la memoria, la funcionalidad y la identidad del lugar.
Esta misma actitud se replica en la industria del software. En lugar de trabajar sobre lo existente, con frecuencia se impulsa la creación de sistemas completamente nuevos siguiendo la última moda tecnológica, y se descarta lo ya construido en busca de proyectos aparentemente más rentables.
Comparto esto porque, al pasear por el malecón de Santo Domingo, sentí esa disonancia: se eliminaron miradores diseñados por la administración anterior para colocar dos sillas que —en mi opinión— aportan poco valor y rompen la continuidad del espacio.
Si fuésemos más conscientes de la continuidad —si pensáramos en mejorar sobre lo bueno en lugar de reemplazarlo por novedad— nuestras ciudades serían más robustas, y del mismo modo nuestros softwares empresariales serían más estables, eficientes y duraderos.
Esta reflexión no es un pronunciamiento político: es una expresión de indignación y, sobre todo, de esperanza. Creo firmemente que podemos hacerlo mejor; que la mejora responsable y respetuosa del pasado nos haría más sostenibles y coherentes como sociedades.
Todo esto me recuerda a una situación que sucedió con un cliente (MediaExpress), donde me contactan un día, año 2019, para que le ayudara a recuperar la base de datos principal de su sistema ERP, la cualhabía sido corrompida por varios errores en el indexado de las tablas principales por falta de mantenimiento.
Yo había trabajado en la estructura de la base de datos siendo empleado de la empresa en cuestión durante los años 2007-2009. Luego de renunciar, estuve 5 años como consultor de esa empresa hasta que cada uno continuó con sus proyectos, y me encargaba de darle el soporte requerido a su plataforma, pero después del 2014, hasta el indicente en 2019, nunca le habían dado soporte a los índices y Filegroups creados para optimizar el sistema.
Cuando llegué a la empresa para hacer el diagnóstico, me di cuenta de que la base de datos estaba en un estado deplorable: los índices que aún funcionaban estaban fragmentados en un más de un 98%, la base de datos en estado suspect y varios de los Filegroups estaban deshabilitados por errores de lectura.
Después de varias horas de análisis, logré recuperar la base de datos luego de 14 horas de trabajo continuo, reconstruí los índices y optimicé las consultas más críticas del sistema, logrando que la plataforma volviera a estar operativa en un 100% y la factura de ese trabajo fue mayor a mínimo 2 año de soporte continuo.
La lección aprendida de ese incidente es que, si hubiesen mantenido la base de datos con un soporte preventivo, el incidente no hubiese ocurrido y la empresa hubiese ahorrado muchos dolores de cabeza y dinero.
En conclusión, tanto en urbanismo como en desarrollo de software, la continuidad responsable es clave para construir sociedades y sistemas más sólidos y coherentes. Al valorar y preservar lo que ya existe, podemos crear un futuro más sostenible y significativo.
